Durante años, numerosos estudios científicos han tratado de averiguar cuál sería el papel de la música clásica en el desarrollo cerebral de las personas. Existe una teoría que afirma que realmente su disfrute nos hace más inteligentes. ¿Es esto un mito o una realidad?

Si estás leyendo esto, probablemente la música clásica sea una de tus pasiones, y es que tan solo escuchar las primeras notas de una melodía puede cambiar nuestro estado de ánimo por completo. Sus efectos relajantes son conocidos por todos (aunque también depende de la obra que se escuche). Pero…,¿realmente su mero disfrute nos hace más inteligentes?

La creencia que dice que exponer a los niños a música clásica durante su crecimiento beneficia su desarrollo de la inteligencia tiene un porqué y se llama ‘Efecto Mozart‘. Este efecto nació en los años 90 debido a la publicación del libro ‘Porquoi Mozart’, escrito por el investigador y otorrinolaringólogo Alfred A. Tomatis. En él, explicaba su ‘Método Tomatis’, en el cual utilizaba música durante las sesiones de terapia con sus pacientes.

El francés afirmaba entonces que la música de Wolfgang Amadeus Mozart ayudaba en el proceso y que podía incluso curar la depresión. Este método, que se desarrolló a mediados del siglo XX, tenía la intención de estimular el oído y el sistema nervioso para integrar aspectos sobre el desarrollo y comportamiento humano.

Mozart, cuarteto en C

La sobre-interpretación de un estudio

El boom de esta convencimiento llegó en 1933, cuando la revista ‘Nature’ publicó un artículo titulado ‘Music and spatial task performance’ (La música y el rendimiento en tareas espaciales) escrito por el físico Gordon Shaw, la psicóloga Frances Rauscher y Catherine Ky, miembro de las Universidad de California Irvine. Este escrito exponía los datos de un estudio que habían realizado en el que se mostró a 36 estudiantes la ‘Sonata para dos pianos en re mayor, K. 448’, de Mozart, durante 10 minutos.

Los estudiantes que habían escuchado esta obra lograron una puntuación más alta que aquellos que no lo habían escuchado en una prueba posterior de razonamiento espacio-temporal. Los tests consistían en un examen de razonamiento y una manualidad de doblar y cortar papeles. Este ensayo se realizó únicamente con estudiantes universitarios, y en ningún momento se mencionó el cociente intelectual ni en aumento de la inteligencia. De esta manera, la investigación tan solo constataría las mejoras en las capacidades de razonamiento probadas.

Como conclusión, no se puede afirmar con evidencia científica que la música de Mozart nos haga inteligentes. Aún así, en este blog ya se escribió sobre otros beneficios que puede aportar, especialmente a los bebés, y es que no es necesario que intervenga en nuestro juicio para disfrutar de la experiencia y de los posibles frutos que tenga en nosotros.

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